lunes, 27 de junio de 2016

Patricia Redondo sobre “Los riesgos y derechos de la infancia actual y la responsabilidad de padres y docentes”

Informe de lectura:

La infancia es afectada por diferentes cambios significativos, afectando a todos los niños en particular, algunos de ellos son: las transformaciones del tiempo que obliga a los niños a quemar etapas, es decir, que tienen una experiencia precoz de la adultez; las modificaciones de la vida cotidiana, en donde las experiencias son diferentes dependiendo de la clase social a la que pertenecen los niños; la posición de los padres en cuanto a la falta de límites, lo cual disminuye la autoridad del adulto como responsable de ese niño, de esa infancia. Otro cambio significativo al que no se le da tanta importancia es el consumo cultural, el cual está contribuyendo a la pérdida de las identidades, de las marcas que identifican a la cultura al cual pertenece el niño, a través de los medios masivos y el uso del lenguaje neutro que afecta a la clase media que a la vez se está globalizando por la masa hegemónica. Pero estas experiencias son singulares dentro de la sociedad.
También hay riesgo que afectan a la infancia actual las cuales se relacionan con la voracidad de consumo que interpela, permanente, a los niños desde que llegan al mundo, es decir, que desde que nacen y nacemos estamos posicionados como consumidores, ya que el mercado está muy presente en los primeros años de vida. Pero esto se debe a la llegada atrasada del Estado en la constitución de ciudadanos de esa sociedad a la que pertenecen los niños. Debido a esto se ven arriesgados a la explotación infantil. Se puede decir que para que esta explotación infantil disminuya y llegue a su fin en el siglo XXI, el Estado tiene que promover la expansión temprana de la educación, es decir, “que cuanto más intervenga el Estado en la Educación Inicial menos será la explotación infantil en Argentina y en toda América Latina” (Redondo: 2013)
Se puede llevar a una conclusión entre las clases sociales medias y altas, que por más que los niños tengan diferentes experiencias en sus infancias los une la desprotección, con esto, se quiere decir que tanto los niños de clases medias como alta son desprotegidos por la ausencia de los adultos. Ausencia en tanto a ¿cómo se los escucha?, ¿cómo se los trata?, ¿cómo se los mira?, ¿cuánto y cómo dedican su tiempo al niño? Es decir que lo que falta es responsabilidad del adulto hacia el niño. Los niños de la clase media pasan poco tiempo con su familia y tienen escasas posibilidades de progreso y en tanto a la clase alta, los niños pasan largas horas con la tecnología, con personal de servicio, encerrados en country o barrios cerrados. En estas escenas los que los une a estas clases es la desprotección y falta de responsabilidad por el adulto.
Patricia Redondo también plantea el concepto de desencuentro generacional, en el cual se plantea que hay elementos nuevos e inéditos, mayor permisibilidad en la crianza de los niños más pequeños, dificultad en el acompañamiento del crecimiento en una etapa hacia la otra por parte del adulto, este último se ve reflejado en las clases media en donde los padres tienen miedo a ¿Cómo criarlo?  Este desencuentro también se ve reflejado en el ámbito educativo ya que se ha ido mercantilizando la educación debido a que los padres tienen una mirada de demanda como usuarios de la institución educativa, una función no cumplida por la sociedad, porque no se genera un vínculo educativo entre la escuela y los padres. Todos los problemas que pasan por la escuela son problemas del niño. Por eso tiene que haber un encuentro entre generaciones de asimetría que si no se sostiene es porque alguno de los actores no está constituido como tal. La docencia puede resolver este problema mediante la capacitación con reflexión.


domingo, 26 de junio de 2016

Cultura infantil y Multinacionales (Shirley Steinberg y Joe kincheloe)

Informe de lectura:

Cap. I: BASTA DE SECRETOS. CULTURA INFANTIL, SATURACION DE INFORMACIÓN E INFANCIA POSMODERNA

La infancia es una creación de la sociedad y que está sujeta a los cambios y transformaciones sociales que sucedan en la misma. Se pude decir que el apogeo de la infancia se dio en el siglo XIX hasta el siglo XX. Los niños fueron retirados de las fábricas y se los distribuyo en las escuelas para ser protegidos de los peligros del mundo adulto. A medida que se desarrollaba la familia moderna a finales del siglo XIX, los padres consideraban a los niños como algo tierno y cuya responsabilidad dependía del adulto, por lo que muchos creían que la infancia era un derecho desde el nacimiento, debido a esto se los consideraba desde el campo biológico y no cultural.
Los observadores críticos  comenzaron a ver los cambios de las sociedades y de la cultura en torno a la concepción de la infancia. Por lo que los supuestos de la psicología modernista dejaban mucho que desear en cuanto a la crianza y educación  de estos niños contemporáneo. A esto se le suma los cambios en la institución familiar, que las instituciones sociales no reconocen estas nuevas configuraciones familiares no tradicionalistas y no brindan las necesidades especificas para que los niños las enfrenten.
La crisis contemporánea de la infancia
Con los cambios de la realidad económica, el acceso de los niños a la información sobre el mundo adulto ha alterado el concepto de infancia, por lo que se habla de “infancia perdida”, es decir que los niños crecen demasiadamente rápido y hay un terror infantil al aislamiento del hogar y la comunidad fragmentada. Lo cual es promocionada por la cultura popular que mediante imágenes nos atemoriza y despierta temores al aislamiento. Un aislamiento que hace referencia a la separación de los padres tanto ausentes como de una comunidad inexistente. Es decir, que no hay nadie que preste ayuda a los niños y esto no solamente pasa en la clase media o baja, también se ve reflejado en la clase alta ya que en los barrios seguros también hay comunidades fragmentadas en donde no se garantiza la seguridad del niño. La crisis de la infancia contemporánea se puede dar por diferentes factores pero todas implican en algún nivel el grado de terror del peligro a la soledad.
Nuevos sitios de aprendizajes: las empresas comerciales como educadores.
Una causa particular de esta crisis es la producción de cultura infantil popular de las empresas comerciales que influye en la cultura de los niños. Esto se ve reflejado en la categoría de pedagogía cultural, que se remite a la idea que la educación tiene lugar en diversos sitios sociales que incluyen la escolarización pero no se limitan a ella. Los lugares pedagógicos son aquellos donde el poder se organiza y despliega (bibliotecas, películas, periódicos, televisión, videos, libros, etc.)
Comprender el procesos educativo del siglo XX es examinar la pedagogía de la escuela como la pedagogía de la cultura. Comprendiendo que el proceso pedagógico compromete nuestro deseo, capta nuestra imaginación y construye nuestra consciencia. Pero la aparición de los estudios culturales hizo que se empiece a examinar las prácticas culturales por medios de las cuales los individuos se comprenden a sí mismo y al mundo que los rodea. Por lo que se realiza un curriculum cultural, en donde las organizaciones que lo adoptan no son organismos educativos sino más bien entidades comerciales que no actúan por el bien social sino por la ganancia individual. Es decir, que la pedagogía cultural está estructurada por la dinámica comercial que se impone en todos ámbitos de la vida privada y más que nada en los niños.
La pedagogía cultural de las corporaciones ha producido formas educativas con éxito. Las empresas norteamericanas han revolucionado la infancia sustituyendo las clases tradicionales en el aula y produciendo una serie completa de formas de entretenimiento producidas para los adultos pero consumidas por los niños. Por lo que los ejecutivos de las empresas comerciales han creado una perspectiva de la cultural que se mezcla con las ideologías empresariales y los valores del libre mercado.
Una alternativa a esta perspectiva es que tomemos responsabilidades como padres, educadores en estudiar el curriculum de las empresas comerciales y sus repercusiones sociales y políticas. Por lo que los responsables son las empresas comerciales de los rasgos pedagógicos de sus actividades, de la cultura infantil que producen.
La cultura infantil es ante todo una pedagogía del pacer por lo que no es posible ir en contra o excluyendo a los niños de ella. Se debe formular estrategias de resistencia que entiendan la relación entre la pedagogía, la producción del conocimiento, la formación de la identidad y el deseo.
Situar la cultura popular en los estudios culturales
Los problemas sobre la cultura infantil y su relación con la pedagogía cultural se clarifican y analiza en el campo académico de los estudios culturales. Definir los estudios culturales son operaciones delicadas ya que se trata de vitar las definiciones de las disciplinas académicas tradicionales. Sin embargo  producen un modo interdisciplinar de estudiar, interpretar y evaluar las prácticas culturales en contextos históricos, sociales y teóricos. Por lo que intentan examinar la diversidad de expresiones y prácticas artísticas, institucionales y comunicativas de una sociedad, es decir, que acaparan la cultura popular pero no es su mayor preocupación intereses van más allá e incluyen las reglas del propio estudio académico, es decir, la práctica del discurso que guía la empresa erudita. Debido a esto ponen atención a las nuevas posibilidades de estudiar específicamente la educación de la infancia.
El valor de estudiar la cultura popular
El estudio de las formas tradicionales de cultura infantil ha proporcionado algunas ideas en dominios de difícil acceso de la consciencia del niño. La relación entre la cultura infantil y el deseo/sentimiento de la infancia hace saltar la cultura nacional, conectando así a los adultos con el mundo vital de los niños y concediéndoles el acceso a las percepciones de la infancia.
El entretenimiento de los niños, como esfera social, es un espacio público en donde hay interés sociales, económicos y políticos que compiten por el control y a la vez amoldan la expresión cultural y política propios intereses, que pueden estar en conflicto con los grupos sociales menos poderosos , como los niños.
La cultura popular  proporciona a los niños experiencias emocionales intensas en cualquier fase de su vida ejerciendo una influencia poderosa sobre la definición de si mismo, sobre las maneras en que los niños deciden organizar su vida.
El bloque de poder convierte a la cultura infantil en mercancía tanto para los adultos como para los niños. El papel como profesionales es crear una infancia critica, en donde los niños desarrollen capacidades para releer o recodificar lo que le ofrece la cultura infantil y de esta forma se autoafirmar y resisten al poder.
La alfabetización necesaria en la cultura de los medios y en la cultura popular en la hiperrealidad.
La explosión de información, la saturación de medios a finales del siglo XX ha creado un vértigo social. Esta condición social llamada hiperrealidad exagera la importancia de los que ejercen el poder en todas las fases de la experiencia humana, el flujo de significaciones de la hiperrealidad, desde las publicidades de televisión hasta kis megabytes disminuyen nuestras capacidades para encontrar significados o generar pasión por el compromiso. Es decir, que se va perdiendo la confianza a llegar a comprender algo. Esto nos obliga a repensar la alfabetización. Los niños que han sido alfabetizados por la cultura popular enfocan desde un ángulo diferente con los niños que son alfabetizados por los medios, se convierte en una adicción selecta del curriculum tradicional, sino que s convierte en una destreza básica necesaria para negociar la propia identidad, los valores y el bienestar en la hiperrealidad empapada de poder.
Una comprensión critica de la cultura de los medios es que los estudiantes desarrollen capacidades para interpretar los significados de los medios pero que también comprendan de qué manera ellos mismos consumen e invierten en los medios. Es decir, que estimulen un pensamiento crítico como autoanalitico.
¿Demonio o ángel? Los impulsos comerciales y democráticos de la televisión
La televisión comercial se estructura por las demandas contrapuestas del comercio y la democracia. Los estudios de la cultura infantil se encuentran estas dinámicas en diversos niveles.
La televisión infantil en las últimas décadas del siglo XX no es un producto cuidado fiel a los medios y a los principios democráticos. Ya que los dictan los intereses comerciales, los margenenes de beneficio son más importantes que el bienestar de los niños.
La cultura infantil producida por las empresas comerciales oculta su ideología, de esta manera colonizan la consciencia de tal manera que reprime el conflicto y las diferencias. Las acciones de las empresas comerciales modifican la conducta infantil, las formas en que la publicidad y su promoción del hedonismo de la infancia producen una ética del placer y una redefinición de la autoridad.
El poder de las empresas comerciales y la cultura infantil.
El estudio del poder y la cultura infantil ponen en manifiesto las ideas de la política, en este caso, norteamericana que parece secundaria para los padres y los profesionales del niño. Debido a que no hay instituciones que se opongan a esta hegemonía de las empresas comerciales, las mismas tienen el campo libre para producir casi cualquier cultura infantil que sea rentable. Cuyos anuncios están diseñando bajo experiencias comunes valoradas en nuestra vida: la familia, la infancia y escenas con padres particulares. Por lo que el declive de la vida familiar tradicional y el clima seguro para los niños es una víctima del desarrollo de las sociedades comerciales.
El poder para representar: el revisionismo histórico de las empresas comerciales.
Cuando se vuelve más atento a los lugares pedagógicos donde se da forma a la consciencia del niño, se empieza a tomar en cuenta la influencia de organizaciones empresariales gigantes y a los aglomerados que controlan la información y el entretenimiento. Por lo que las empresas comerciales nacionales e internacionales ocupan en la actualidad los paisajes mentales, el dominio de la consciencia como colonizadoras de la psiquis humana.
Cambiar la infancia vía la cultura infantil/popular
La infancia ha cambiado como resultado de la cultura infantil y otras manifestaciones más adultas de la cultura de los medios. Ya que estas últimas ejercen influencias afectivas especificas. Los padres ya no controlan las experiencias culturales de sus hijos por lo que han perdido el papel fundamental de desarrollar valores y la visión del mundo. Los programas de televisión, las películas, los videos juegos y la música son en la actualidad el mundo privado del niño.
El dilema de la infancia posmoderna.
Esta nueva realidad presenta a los adultos un complejo problema, ya que el acceso de los niños contemporáneo a la cultura infantil comercial y la cultura popular no solo los motiva a convertirse en consumidores hedonistas, sino que también daña la inocencia.
El acceso infantil al mundo adulto por los medios electrónicos de hiperrealidad ha pervertido la consciencia de sí mismo de los niños contemporáneos como entidades incompetentes y dependientes. Por lo que se debe desarrollar, desde la educación, las destrezas de ser padres y las instituciones sociales trataran esta revolución cultural de una manera que enseñe a los niños a dar sentido a la información de la hiperrealidad.
La reacción: odiar al niño listillo
El niño postmoderno es listo y a menudo la cultura popular lo define como despabilado. Por lo que se convierten en niños amenazantes para los adultos. El niño precoz es una amenaza y requiere una enseñanza pedagógica evolutiva, dócil y obediente.
Valores familiares: palabras claves para el abandono infantil.
En los valores familiares juega un papel fundamental lo político. Ya que la derecha está a favor a los valores familiares pero a la vez establece obstáculos a las familias de la clase trabajadora y estable un sufrimiento en la vida cotidiana de los niños.
La familia es un lugar de lucha política e ideológica desde finales del siglo XVIII. Estas luchas han servido en el siglo XX para dar explicación a la ruptura de la familia tradicional, por lo que en la actualidad el núcleo familiar es un lugar de hostilidades latentes, ya que los niños precoces luchan en contra de sus padres por privilegios adultos y bienes materiales.

La fría realidad de la violencia en las familias y entre los niños
Las dificultades de la crianza infantil y las frustraciones de los padres y los profesores actuales, la delincuencia infantil y juvenil son hechos de la vida de la sociedad. Escenarios de violencia familiar, abuso infantil incluido el abuso sexual, los golpes y los apaleamientos y violencia emocional, es la actualidad en donde trascurre la infancia de los niños. Una causa puede ser que la cultura infantil y la cultura popular constituyen la dinámica social que contribuye a la violencia de los jóvenes.
La violencia virtual es una violencia abstracta que elimina la brutalidad de la realidad. Algunos niños imitan las acciones de los personajes interactivos y la reproducen en su vida social. Las impresiones violentas de los juegos de vídeo, la lucha, el cine o la televisión desencadenan y hacen emergen patologías escondida en el inconsciente de un sujeto particular, otros niños, al mismo tiempo y con las mismas experiencias de cultura infantil.
Cultura infantil y problemas de justicia
Los análisis actuales de la infancia deben ocuparse de los problemas de injusticias relacionados con la raza, la clase y el género que acosan al segmento de los niños que son los que construyen la cultura infantil y determinan el formato de los medios. En este contexto, los problemas de las diferencias de los niños en oportunidades y privilegios se borran. Se debe poner en práctica una estrategia post.ford de comercialización dirigida a segmentos especiales del mercado, que utiliza la diversidad como método de llegar más allá de la economía de escala. Pero sin embargo este tipo de diversidad segura, de cultura común que higieniza y despolitiza no se encuentra es la cultura infantil.
Cultura infantil con raza
Los anuncios de televisión  para niños revelan una realidad de clase media de orientación. Solo se utilizan actores blancos que reproducen, sin que se observe detenidamente, jerarquías raciales que privilegian a los blancos.
Cultura infantil con género
Dado todas las luchas en cuanto a la reconceptualización del género, la cultura infantil conserva su diferenciación de género. Sin embargo, la cultura popular avanza y proporciona ideas sobre la construcción del género de los medios pero la cultura infantil continua promoviendo roles de géneros perfilados.
¿Qué hacemos? Repensar la educación de niños y niñas

A medida que se van reconociendo estos problemas se recontextualiza la educación de niños y niñas. Actualmente se busca una educación crítica de la infancia, la cual está interesada en el conocimiento y las instituciones que los niños traen a la escuela. En la hiperrealidad está el principio pedagógico, por lo que los educadores están obligados a estudiar la cultura infantil, su efecto sobre los consumidores y la relación con el deseo. Una pedagogía de este tipo nos proporciona una línea directa a su conciencia así como a su percepción de sí mismo y del mundo. Cuando el niño educado por la cultura infantil llega al conocimiento oficial que le demanda la escuela, la propuesta es llevar nuevas formas de aprendizajes, nuevas ideas de la construcción de la infancia contemporánea, de esta manera podemos reestructurar las escuelas y volver a pensar el rol de los padres en la hiperrealidad. 

Capítulo II- ¿Son las películas de Disney buenas para sus hijos? Por Henry A. Giroux


Informe de lectura: 
Hay un supuesto común que la cultura proporciona las bases para formar aprendizaje. Se aceptan los supuestos de que las películas de dibujos animados influyen la imaginación, fantasía, reproducen un ambiente de inocencia y que son buenas para los niños. Es decir, que son vehículos para la distracción, la diversión y alegría, pero a la vez son pertinentes ya que están fuera de los límites del entretenimiento. Estas películas actúan sobre muchos registros, pero lo más importante es el papel que desempeñan como nuevas "máquinas de enseñar, como productoras de cultura, lo cual inspira en los niños una  autoridad cultural y legitima para enseñar roles, valores y hábitos específicos como los sitios más s tradicionales de aprendizaje, como las escuelas públicas, las instituciones religiosas y la familia. Desde esta visión, como lugar de aprendizaje,  la significación de las películas de dibujos animados aumenta por el reconocimiento general  que las escuelas y otros lugares públicos de aprendizaje están cada vez más acosados por uno crisis de su propia visión.
Por otro lado, los medios de comunicación de masas construyen un mundo de  sueños y  de inocencia infantil donde los niños  encuentran cada vez más un lugar pasa situarse en su vida emocional. Proporcionan un espacio visual de alta tecnología donde la aventura y el placer se encuentran en un mundo fantástico de posibilidades y en una esfera comercial de consumismo y conversión en mercando.
El tratamiento de estas películas como entretenimiento transparente esconden mensajes de tras de ellas. Pero los intentos de cuestionar estas películas es contraponerse a la opinión popular norteamericana. Esto se da ya que  atrás de las películas de dibujos animados de Disney hay un  gran poder económico y político que protege sin fisuras su posición como abastecedor de inocencia y virtud moral norteamericana. Rápida en movilizar su monolítico bloque de instituciones leales , portavoces de relaciones públicas y críticos culturales profesionales para salvaguardar los límites de su "reino mágico'', Disney ha entablado agresivas acciones judiciales por violaciones de sus derechos de propiedad intelectual, ha definido  quién tiene acceso a sus archivos y ha intentado incluir en los usos del material investigado en ellos. En su celo para proteger su imagen y aumentar sus beneficios, ha llegado a emprender acciones legales contra un pequeño centro de atención de día que utilizaba en su publicidad personajes de dibujos animados de la compañía. Ejerce presión sobre los autores que critican su ideología y su empresa. Pero el poder de su categoría procede de otras fuentes,  la imagen de Disney como icono de la cultura norteamericana se refuerza firmemente por medio de la penetración de su Imperio en todos los aspectos de la vida social. Los niños experimentan su influencia cultural a través de un laberinto de presentaciones y productos que se encuentran en los vídeos caseros, los centros comerciales, las películas educativas escolares, las taquillas, los programas  de televisión popular y los restaurantes  familiares.  Por medio de la virtualidad,  las exposiciones y el uso del espacio visual público,  Disney se introduce en una red de mercancías que se presta a la construcción del mundo como una  totalidad  cerrada. Pero a la vez Disney se esfuerza mucho para promover su Imagen cívica, definiéndose como vehículo para la educación y la responsabilidad cívica.
Lo interesante  aquí es que Disney no proporciona simplemente un soporte a las fantasías por medio de las cuales se produce, experimenta y afirma la inocencia de la  infancia y la aventura. En la actualidad, produce prototipos para escuelas, nuevas  identidades y comunidades modelo y la manera en que debe comprenderse el futuro por medio de una construcción particular del pasado por medio de su visión nostálgica del  pasado y su construcción de la memoria pública como una metáfora  del reinado mágico. Pero los límites entre entretenimiento, educación y comercialización se vienen abajo por la omnipotencia absoluta de la penetración de Disney en diversas esferas de la vida cotidiana. Por otra parte, el público general tiende a rechazar cualquier relación entre la ideología y el prolífico mundo de entretenimiento de Disney. Y sin embargo, su apariencia de inocencia les parece a algunos críticos como poco más que una máscara promocional que disimula sus técnicas comerciales agresivas y su influencia al educar a los niños en las virtudes de convertirse en consumidores activos. Es decir, que Disney construye la infancia para hacerla completamente compatible con el consumismo y determina el sentido de realidad que suministra a los niños cuando éstos adoptan nociones particulares y a menudo higienizadas de la identidad, la cultura y la historia en el universo cultural aparentemente apolítico del "reino mágico".
Estas películas,  producidas desde 1989, son importantes porque han recibido enormes elogios y han alcanzado la categoría de grandes éxitos. Para muchos niños representan su primera introducción en el mundo de Disney. La fantasía de dibujos animados y el entretenimiento parecen plegarse uno sobre otro y quedar fuera, en cuanto tales  del mundo de los valores, el significado y el conocimiento asociado a menudo con formas educativas más pronunciadas como los documentales,  las películas de arte o incluso las películas adultas de amplia circulación. Dada la influencia que la ideología de Disney tiene sobre los niños, es imprescindible que los padres, los profesores y otros adultos comprendan cómo estas películas atraen la atención y dan forma a los valores de los niños que las ven y las compran. Esta compañía de ideología reaccionaria que promueve con engaños una visión del mundo conservadora con el  pretexto de entretenimiento, y a la vez proporciona fuente de alegría y felicidad  para los niños en todo el mundo. En parle hace ambas cosas. Pero, al moldear las identidades individuales y controlar los campos de significado social por medio de los cuales los niños se mueven en el mundo, desempeña un papel demasiado complejo para reducirlo a cualquiera de las dos posiciones. Disney se inscribe de manera dominante en la vida de los niños e influye poderosamente  en la forma de imaginar el paisaje cultural de Norteamérica. La dominante autoridad cultural de Disney es demasiado poderosa y trascendental para ser simplemente objeto de reverencia.  
La pregunta de si las películas de dibujos animados de Disney son buenas para los niños no tiene respuestas sencillas, pero al mismo tiempo requiero examinar estas películas fuera del registro tradicional de la diversión y el entretenimiento.
Las películas de dibujos animados de Disney proporcionan un "mercado de la cultura", una plataforma de lanzamiento para un número inacabable de productos y mercancías que incluyen cintas de vídeo, bandas sonoras, ropa infantil, armarios, muñecos de peluche y nuevas entradas en los parques temáticos. la amplia distribución y el atractivo popular de estas películas proporcionan a los diversos públicos y espectadores la oportunidad de poner en duda los supuestos que permiten a la gente suspender el juicio respecto a la responsabilidad de Disney de definir un entretenimiento infantil apropiado. El análisis crítico de cómo las películas de Disney surten efecto construyendo significados, induciendo placeres y reproduciendo las fantasías cargadas ideológicamente no pretende ser un ejercicio de descrédito. Funcionan como lugares de entretenimiento porque ponen en contacto con la alegría y la aventura a niños y adultos por igual. Se presentan como lugares para experimentar placer, incluso cuando tenemos que comprarlo. La fascinación de Hollywood, la animación llena de color y los números musicales que salpican el espectáculo combinado crean una zona de comodidad estética y emocional tanto para los niños como para los adultos. La fantasía abunda cuando las películas de dibujos animados de Disney producen una multitud de villanos, héroes y heroínas exóticos y estereotipados
La colección de objetos y animales animados en estas películas es del mayor nivel artístico, lo cual persuade a su público suspendiendo el juicio crítico sobre los mensajes producidos por estas películas. Aunque estos mensajes se pueden interpretar de diversas maneras y a veces son contradictorios, existen varios supuestos que estructuran estas películas que representan el rostro oculto de Disney. Uno de los mensajes más polémicos que aparecen y desaparecen de las películas de dibujos animados de Disney se refiere a la representación de las muchachas y las mujeres que en las películas están subordinadas en el fondo a los hombres y definen su sentido de poder y su deseo casi exclusivamente desde el punto de vista de la narración del macho dominante. Por lo que las películas de dibujos animados de Disney exaltan un poder de tipo masculino. Crean y reproducen un tipo de estereotipo de género, que a diferencia de lo que los padres piensan, tiene un efecto adverso sobre los niños. Los padres piensan que son esencialmente inofensivas, y no lo son. Las películas de Disney se proyectan a cantidades enormes de niños en los Estados Unidos y en el extranjero. Respecto a la cuestión del género, la visión de Disney de la relación entre la acción femenina y la obtención de poder no es sólo nostálgica.
Los estereotipos raciales son otra cuestión importante que emerge en muchas películas de dibujos animados de Disney. Pero el legado de racismo no comienza con las películas producidas desde 1989; al contrario, se puede rastrear una larga historia de racismo asociada con el trabajo de Disney hasta las imágenes denigrantes de personas de color. Pero no solamente aparece el racismo en el color de piel también aparece en imágenes negativas o por medio de interpretaciones históricas erróneas: la ideología racista se manifiesta también en la codificación racial del lenguaje y el acento en la pronunciación. El uso de un lenguaje codificado racialmente no es nuevo en las películas de Disney y se puede encontrar en una versión temprana de Los tres cerditos. Lo asombroso es que estas películas producen infinitas representaciones y códigos en los que se enseña a los niños que las diferencias culturales que no llevan la marca de la procedencia étnica de clase media blanca son desviadas, inferiores, ignorantes y una amenaza que se debe superar.

 No hay nada inocente en lo  que los niños aprenden sobre la raza tal como se representa “el mundo mágico” de Disney. La carta de la raza ha sido siempre central en la visión de Disney de la identidad cultural y nacional, y sin embargo, la cuestión racial solo parece justificar un debate público cuando se manifiesta pretendidamente en un discurso de los derechos civiles.
Otro rasgo central común a todas las películas de dibujos animados de Disney es la celebración de relaciones sociales profundamente antidemocráticas. La naturaleza y el reino animal proporcionan los mecanismos para presentar la jerarquía social, la realeza y la desigualdad estructural como parte del orden natural. Para los niños, los mensajes ofrecidos en las películas de Disney indican que problemas sociales como la historia del racismo, el genocidio de los nativos norteamericanos, el sexismo predominante y la crisis de la vida pública democrática norteamericana simplemente están dispuestos por la naturaleza.  Esta es una visión peligrosa del orden social y muy conservadora sobre las relaciones sociales del mundo contemporáneo.
¿Las películas infantiles de Disney se deberían ignorar o censurar? No es necesaria la censura sino que se  debe aprender a  reconocer los mensajes. En primer lugar , es crucial que el terreno de la cultura popular que Disney utiliza cada vez más para enseñar valores y vender mercancías se considera seriamente como un sitio de aprendizaje, especialmente para los niños.. Esto significa, como mínimo, que se debe incorporar en las escuelas como objeto serio de conocimiento social y análisis crítico. En segundo lugar, los padres, los grupos comunitarios, , los educadores y otros individuos deben estar atentos a los mensajes implícitos en estas películas para criticarlas y recuperarlas cuando sean necesarias con un fin más productivo.  Es decir, es preciso reescribir las imágenes que nos plantean como parte del guión de adquisición de poder, en lugar de rechazarlas simplemente porque sirven para debilitar la acción humana y las posibilidades democráticas. En tercer lugar, la penetración global de la compañía en las esferas de la economía, el consumo y la cultura aconseja analizar a Disney dentro de una variedad de relaciones de poder. Esto aconseja emprender nuevos análisis que unan antes que separen las diversas formaciones sociales y culturales en las  que Disney  se compromete de manera activa. Una posición dialéctica como esta, no sólo proporciona una comprensión mayor y más precisa teóricamente de su poder, sino que quiebra la lógica de que Disney se ocupa ante  todo de la pedagogía del entretenimiento. La investigación sobre Disney debe ser histórica, relacional y multifacética.  En cuarto lugar, si las películas de Disney deben verse como algo más que narraciones de fantasía y evasión, como sitios de regeneración e imaginación que afirman más que niegan la prolongada relación entre entretenimiento y pedagogía, los trabajadores culturales y los educadores  tienen que introducir de nuevo lo político y lo pedagógico en el discurso del entretenimiento. En un nivel esto aconseja tratar las posibilidades utópicas en  las que los niños encuentran a menudo representaciones de sus esperanzas y sueños. En este tipo de discursos, los mensajes, las formas de inversión emocional y las ideologías producidas por Disney se pueden rastrear por los diversos circuitos de poder que legitiman y a la vez insertan “la cultura del reino mágico” en esferas públicas múltiples y solapadas. Además, este tipo de películas deben analizarse no sólo por lo que dicen sino también por cómo públicos  adultos y grupos de niños dentro de contextos nacionales e internacionales diversos las utilizan y las aceptan. Es decir, los trabajadores culturales tienen que estudiar estas películas intertextualmente y desde una perspectiva transnacional. Disney no representa un bloque cultural monolítico, que ignore los diferentes contextos; al contrario, su poder descansa, en parte, en su capacidad de tratar distintos contextos y ser interpretado de manera diferente por formaciones y públicos transnacionales , es decir, en una hegemonías dispersa que actúa en espacios particulares de poder. En quinto  lugar, pedagógicamente es imprescindible que padres,  educadores y trabajadores culturales estén atentos a las diferentes maneras en que grupos diversos de niños utilizan y comprenden esas películas y medios visuales. Esto aconseja que desarrollemos nuevas formas de alfabetización, nueras maneras de comprender e interpretar de un modo crítico los medios visuales producidos electrónicamente. Enseñar y aprender la cultura del libro. No es ya el elemento principal de lo que significa estar alfabetizado. Los niños aprenden a partir de la exposición a formas culturales populares, y éstas proporcionan un nuevo registro cultural del significado de la alfabetización. Esto implica que los educadores y los trabajadores culturales tienen que hacer algo Más que reconocer la necesidad de tomar en serie la producción de formas de arte popular en las escuelas: significa también que no puede haber pedagogía cultural sin prácticas culturales que exploren las posibilidades de formas populares diferentes y que pongan de relieve a la vez las aptitudes de los estudiantes, La cuestión aquí es que los estudiantes no deberían simplemente analizar las representaciones de la cultura popular mediada electrónicamente, deben también poder dominar las destrezas y la tecnología para producirlas. Esto supone hacer películas, videos, música y otras formas de producción cultural. Ni que decir tiene que esto aconseja dar a los estudiantes más poder sobre las condiciones para la producción de conocimiento, pero una pedagogía cultural implica también la lucha por mis recursos para las escuelas y otros lugares de aprendizaje.

Por último el poder y la influencia de Disney están tan extendidos en la sociedad norteamericana, los padres, educadores y otras personas tienen que encontrar medios para conseguir que Disney rinda cuentas de lo que produce. La sociedad tiene que dejar de consideran a Disney como una esfera pública comercial que distribuye placer inocentemente a los jóvenes, y debe verse como una empresa pedagógica y un artífice de políticas comprometido activamente en la formación del paisaje cultural de la identidad nacional y la despolarización" de la mente de los niños pequeños. Por lo que es preciso hacer responsable a Disney no sólo en la taquilla, sino también desde el punto de vista político y ético. Y para que esta rendición de cuentas, los padres,  los trabajadores culturales y otros tendrán que cuestionar y desbaratar las imágenes,  las representaciones y los valores ofrecidos por la máquina de enseñar de Disney.