domingo, 26 de junio de 2016

Capítulo II- ¿Son las películas de Disney buenas para sus hijos? Por Henry A. Giroux


Informe de lectura: 
Hay un supuesto común que la cultura proporciona las bases para formar aprendizaje. Se aceptan los supuestos de que las películas de dibujos animados influyen la imaginación, fantasía, reproducen un ambiente de inocencia y que son buenas para los niños. Es decir, que son vehículos para la distracción, la diversión y alegría, pero a la vez son pertinentes ya que están fuera de los límites del entretenimiento. Estas películas actúan sobre muchos registros, pero lo más importante es el papel que desempeñan como nuevas "máquinas de enseñar, como productoras de cultura, lo cual inspira en los niños una  autoridad cultural y legitima para enseñar roles, valores y hábitos específicos como los sitios más s tradicionales de aprendizaje, como las escuelas públicas, las instituciones religiosas y la familia. Desde esta visión, como lugar de aprendizaje,  la significación de las películas de dibujos animados aumenta por el reconocimiento general  que las escuelas y otros lugares públicos de aprendizaje están cada vez más acosados por uno crisis de su propia visión.
Por otro lado, los medios de comunicación de masas construyen un mundo de  sueños y  de inocencia infantil donde los niños  encuentran cada vez más un lugar pasa situarse en su vida emocional. Proporcionan un espacio visual de alta tecnología donde la aventura y el placer se encuentran en un mundo fantástico de posibilidades y en una esfera comercial de consumismo y conversión en mercando.
El tratamiento de estas películas como entretenimiento transparente esconden mensajes de tras de ellas. Pero los intentos de cuestionar estas películas es contraponerse a la opinión popular norteamericana. Esto se da ya que  atrás de las películas de dibujos animados de Disney hay un  gran poder económico y político que protege sin fisuras su posición como abastecedor de inocencia y virtud moral norteamericana. Rápida en movilizar su monolítico bloque de instituciones leales , portavoces de relaciones públicas y críticos culturales profesionales para salvaguardar los límites de su "reino mágico'', Disney ha entablado agresivas acciones judiciales por violaciones de sus derechos de propiedad intelectual, ha definido  quién tiene acceso a sus archivos y ha intentado incluir en los usos del material investigado en ellos. En su celo para proteger su imagen y aumentar sus beneficios, ha llegado a emprender acciones legales contra un pequeño centro de atención de día que utilizaba en su publicidad personajes de dibujos animados de la compañía. Ejerce presión sobre los autores que critican su ideología y su empresa. Pero el poder de su categoría procede de otras fuentes,  la imagen de Disney como icono de la cultura norteamericana se refuerza firmemente por medio de la penetración de su Imperio en todos los aspectos de la vida social. Los niños experimentan su influencia cultural a través de un laberinto de presentaciones y productos que se encuentran en los vídeos caseros, los centros comerciales, las películas educativas escolares, las taquillas, los programas  de televisión popular y los restaurantes  familiares.  Por medio de la virtualidad,  las exposiciones y el uso del espacio visual público,  Disney se introduce en una red de mercancías que se presta a la construcción del mundo como una  totalidad  cerrada. Pero a la vez Disney se esfuerza mucho para promover su Imagen cívica, definiéndose como vehículo para la educación y la responsabilidad cívica.
Lo interesante  aquí es que Disney no proporciona simplemente un soporte a las fantasías por medio de las cuales se produce, experimenta y afirma la inocencia de la  infancia y la aventura. En la actualidad, produce prototipos para escuelas, nuevas  identidades y comunidades modelo y la manera en que debe comprenderse el futuro por medio de una construcción particular del pasado por medio de su visión nostálgica del  pasado y su construcción de la memoria pública como una metáfora  del reinado mágico. Pero los límites entre entretenimiento, educación y comercialización se vienen abajo por la omnipotencia absoluta de la penetración de Disney en diversas esferas de la vida cotidiana. Por otra parte, el público general tiende a rechazar cualquier relación entre la ideología y el prolífico mundo de entretenimiento de Disney. Y sin embargo, su apariencia de inocencia les parece a algunos críticos como poco más que una máscara promocional que disimula sus técnicas comerciales agresivas y su influencia al educar a los niños en las virtudes de convertirse en consumidores activos. Es decir, que Disney construye la infancia para hacerla completamente compatible con el consumismo y determina el sentido de realidad que suministra a los niños cuando éstos adoptan nociones particulares y a menudo higienizadas de la identidad, la cultura y la historia en el universo cultural aparentemente apolítico del "reino mágico".
Estas películas,  producidas desde 1989, son importantes porque han recibido enormes elogios y han alcanzado la categoría de grandes éxitos. Para muchos niños representan su primera introducción en el mundo de Disney. La fantasía de dibujos animados y el entretenimiento parecen plegarse uno sobre otro y quedar fuera, en cuanto tales  del mundo de los valores, el significado y el conocimiento asociado a menudo con formas educativas más pronunciadas como los documentales,  las películas de arte o incluso las películas adultas de amplia circulación. Dada la influencia que la ideología de Disney tiene sobre los niños, es imprescindible que los padres, los profesores y otros adultos comprendan cómo estas películas atraen la atención y dan forma a los valores de los niños que las ven y las compran. Esta compañía de ideología reaccionaria que promueve con engaños una visión del mundo conservadora con el  pretexto de entretenimiento, y a la vez proporciona fuente de alegría y felicidad  para los niños en todo el mundo. En parle hace ambas cosas. Pero, al moldear las identidades individuales y controlar los campos de significado social por medio de los cuales los niños se mueven en el mundo, desempeña un papel demasiado complejo para reducirlo a cualquiera de las dos posiciones. Disney se inscribe de manera dominante en la vida de los niños e influye poderosamente  en la forma de imaginar el paisaje cultural de Norteamérica. La dominante autoridad cultural de Disney es demasiado poderosa y trascendental para ser simplemente objeto de reverencia.  
La pregunta de si las películas de dibujos animados de Disney son buenas para los niños no tiene respuestas sencillas, pero al mismo tiempo requiero examinar estas películas fuera del registro tradicional de la diversión y el entretenimiento.
Las películas de dibujos animados de Disney proporcionan un "mercado de la cultura", una plataforma de lanzamiento para un número inacabable de productos y mercancías que incluyen cintas de vídeo, bandas sonoras, ropa infantil, armarios, muñecos de peluche y nuevas entradas en los parques temáticos. la amplia distribución y el atractivo popular de estas películas proporcionan a los diversos públicos y espectadores la oportunidad de poner en duda los supuestos que permiten a la gente suspender el juicio respecto a la responsabilidad de Disney de definir un entretenimiento infantil apropiado. El análisis crítico de cómo las películas de Disney surten efecto construyendo significados, induciendo placeres y reproduciendo las fantasías cargadas ideológicamente no pretende ser un ejercicio de descrédito. Funcionan como lugares de entretenimiento porque ponen en contacto con la alegría y la aventura a niños y adultos por igual. Se presentan como lugares para experimentar placer, incluso cuando tenemos que comprarlo. La fascinación de Hollywood, la animación llena de color y los números musicales que salpican el espectáculo combinado crean una zona de comodidad estética y emocional tanto para los niños como para los adultos. La fantasía abunda cuando las películas de dibujos animados de Disney producen una multitud de villanos, héroes y heroínas exóticos y estereotipados
La colección de objetos y animales animados en estas películas es del mayor nivel artístico, lo cual persuade a su público suspendiendo el juicio crítico sobre los mensajes producidos por estas películas. Aunque estos mensajes se pueden interpretar de diversas maneras y a veces son contradictorios, existen varios supuestos que estructuran estas películas que representan el rostro oculto de Disney. Uno de los mensajes más polémicos que aparecen y desaparecen de las películas de dibujos animados de Disney se refiere a la representación de las muchachas y las mujeres que en las películas están subordinadas en el fondo a los hombres y definen su sentido de poder y su deseo casi exclusivamente desde el punto de vista de la narración del macho dominante. Por lo que las películas de dibujos animados de Disney exaltan un poder de tipo masculino. Crean y reproducen un tipo de estereotipo de género, que a diferencia de lo que los padres piensan, tiene un efecto adverso sobre los niños. Los padres piensan que son esencialmente inofensivas, y no lo son. Las películas de Disney se proyectan a cantidades enormes de niños en los Estados Unidos y en el extranjero. Respecto a la cuestión del género, la visión de Disney de la relación entre la acción femenina y la obtención de poder no es sólo nostálgica.
Los estereotipos raciales son otra cuestión importante que emerge en muchas películas de dibujos animados de Disney. Pero el legado de racismo no comienza con las películas producidas desde 1989; al contrario, se puede rastrear una larga historia de racismo asociada con el trabajo de Disney hasta las imágenes denigrantes de personas de color. Pero no solamente aparece el racismo en el color de piel también aparece en imágenes negativas o por medio de interpretaciones históricas erróneas: la ideología racista se manifiesta también en la codificación racial del lenguaje y el acento en la pronunciación. El uso de un lenguaje codificado racialmente no es nuevo en las películas de Disney y se puede encontrar en una versión temprana de Los tres cerditos. Lo asombroso es que estas películas producen infinitas representaciones y códigos en los que se enseña a los niños que las diferencias culturales que no llevan la marca de la procedencia étnica de clase media blanca son desviadas, inferiores, ignorantes y una amenaza que se debe superar.

 No hay nada inocente en lo  que los niños aprenden sobre la raza tal como se representa “el mundo mágico” de Disney. La carta de la raza ha sido siempre central en la visión de Disney de la identidad cultural y nacional, y sin embargo, la cuestión racial solo parece justificar un debate público cuando se manifiesta pretendidamente en un discurso de los derechos civiles.
Otro rasgo central común a todas las películas de dibujos animados de Disney es la celebración de relaciones sociales profundamente antidemocráticas. La naturaleza y el reino animal proporcionan los mecanismos para presentar la jerarquía social, la realeza y la desigualdad estructural como parte del orden natural. Para los niños, los mensajes ofrecidos en las películas de Disney indican que problemas sociales como la historia del racismo, el genocidio de los nativos norteamericanos, el sexismo predominante y la crisis de la vida pública democrática norteamericana simplemente están dispuestos por la naturaleza.  Esta es una visión peligrosa del orden social y muy conservadora sobre las relaciones sociales del mundo contemporáneo.
¿Las películas infantiles de Disney se deberían ignorar o censurar? No es necesaria la censura sino que se  debe aprender a  reconocer los mensajes. En primer lugar , es crucial que el terreno de la cultura popular que Disney utiliza cada vez más para enseñar valores y vender mercancías se considera seriamente como un sitio de aprendizaje, especialmente para los niños.. Esto significa, como mínimo, que se debe incorporar en las escuelas como objeto serio de conocimiento social y análisis crítico. En segundo lugar, los padres, los grupos comunitarios, , los educadores y otros individuos deben estar atentos a los mensajes implícitos en estas películas para criticarlas y recuperarlas cuando sean necesarias con un fin más productivo.  Es decir, es preciso reescribir las imágenes que nos plantean como parte del guión de adquisición de poder, en lugar de rechazarlas simplemente porque sirven para debilitar la acción humana y las posibilidades democráticas. En tercer lugar, la penetración global de la compañía en las esferas de la economía, el consumo y la cultura aconseja analizar a Disney dentro de una variedad de relaciones de poder. Esto aconseja emprender nuevos análisis que unan antes que separen las diversas formaciones sociales y culturales en las  que Disney  se compromete de manera activa. Una posición dialéctica como esta, no sólo proporciona una comprensión mayor y más precisa teóricamente de su poder, sino que quiebra la lógica de que Disney se ocupa ante  todo de la pedagogía del entretenimiento. La investigación sobre Disney debe ser histórica, relacional y multifacética.  En cuarto lugar, si las películas de Disney deben verse como algo más que narraciones de fantasía y evasión, como sitios de regeneración e imaginación que afirman más que niegan la prolongada relación entre entretenimiento y pedagogía, los trabajadores culturales y los educadores  tienen que introducir de nuevo lo político y lo pedagógico en el discurso del entretenimiento. En un nivel esto aconseja tratar las posibilidades utópicas en  las que los niños encuentran a menudo representaciones de sus esperanzas y sueños. En este tipo de discursos, los mensajes, las formas de inversión emocional y las ideologías producidas por Disney se pueden rastrear por los diversos circuitos de poder que legitiman y a la vez insertan “la cultura del reino mágico” en esferas públicas múltiples y solapadas. Además, este tipo de películas deben analizarse no sólo por lo que dicen sino también por cómo públicos  adultos y grupos de niños dentro de contextos nacionales e internacionales diversos las utilizan y las aceptan. Es decir, los trabajadores culturales tienen que estudiar estas películas intertextualmente y desde una perspectiva transnacional. Disney no representa un bloque cultural monolítico, que ignore los diferentes contextos; al contrario, su poder descansa, en parte, en su capacidad de tratar distintos contextos y ser interpretado de manera diferente por formaciones y públicos transnacionales , es decir, en una hegemonías dispersa que actúa en espacios particulares de poder. En quinto  lugar, pedagógicamente es imprescindible que padres,  educadores y trabajadores culturales estén atentos a las diferentes maneras en que grupos diversos de niños utilizan y comprenden esas películas y medios visuales. Esto aconseja que desarrollemos nuevas formas de alfabetización, nueras maneras de comprender e interpretar de un modo crítico los medios visuales producidos electrónicamente. Enseñar y aprender la cultura del libro. No es ya el elemento principal de lo que significa estar alfabetizado. Los niños aprenden a partir de la exposición a formas culturales populares, y éstas proporcionan un nuevo registro cultural del significado de la alfabetización. Esto implica que los educadores y los trabajadores culturales tienen que hacer algo Más que reconocer la necesidad de tomar en serie la producción de formas de arte popular en las escuelas: significa también que no puede haber pedagogía cultural sin prácticas culturales que exploren las posibilidades de formas populares diferentes y que pongan de relieve a la vez las aptitudes de los estudiantes, La cuestión aquí es que los estudiantes no deberían simplemente analizar las representaciones de la cultura popular mediada electrónicamente, deben también poder dominar las destrezas y la tecnología para producirlas. Esto supone hacer películas, videos, música y otras formas de producción cultural. Ni que decir tiene que esto aconseja dar a los estudiantes más poder sobre las condiciones para la producción de conocimiento, pero una pedagogía cultural implica también la lucha por mis recursos para las escuelas y otros lugares de aprendizaje.

Por último el poder y la influencia de Disney están tan extendidos en la sociedad norteamericana, los padres, educadores y otras personas tienen que encontrar medios para conseguir que Disney rinda cuentas de lo que produce. La sociedad tiene que dejar de consideran a Disney como una esfera pública comercial que distribuye placer inocentemente a los jóvenes, y debe verse como una empresa pedagógica y un artífice de políticas comprometido activamente en la formación del paisaje cultural de la identidad nacional y la despolarización" de la mente de los niños pequeños. Por lo que es preciso hacer responsable a Disney no sólo en la taquilla, sino también desde el punto de vista político y ético. Y para que esta rendición de cuentas, los padres,  los trabajadores culturales y otros tendrán que cuestionar y desbaratar las imágenes,  las representaciones y los valores ofrecidos por la máquina de enseñar de Disney. 

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